El Ayni, principio fundamental de los incas

 

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Rubén Yucra Tamero
Estudiante quechua de la Carrera
Educación Intercultural Bilingüe – Nivel primario

Este artículo es fruto de mi participación en  la Conferencia Magistral “El Ayni”, que se realizó el 14 de octubre del presente año, en el Centro de Convenciones Hotel María Angola. Esta conferencia estuvo a cargo de dos grandes maestros: Juan e Iván Núñez del Prado, padre e hijo, estudiosos de la sabiduría andina desde hace más de 40 años. Asistimos a esta presentación diez estudiantes de la Carrera de Educación Intercultural Bilingüe (EIB) invitados por la docente Magari Quiroz; luego de haber participado en el Tinkuy 2016, que fue organizado por el Ministerio de Cultura.  

Ayni es una palabra del runasimi (quechua) que traducida al castellano se entiende como reciprocidad.  Es una práctica ancestral que, aunque muchos no la conozcan, aún persiste en nuestro país, sobre todo, en el mundo andino. En palabras del maestro Juan Núñez del Prado (2016) “consiste en dar al otro sin esperar nada a cambio, se realiza únicamente con el deseo de sentirse bien y, de esa manera, vivir en armonía y en sintonía con todo el cosmos”. Él ha señalado, también, que esta fue la clave fundamental para que los Incas alcancen una sociedad altamente sofisticada; la única en el mundo que no conoció el hambre, la pobreza ni la desigualdad; puesto que todos tenían comida y un trabajo digno del que estaban muy satisfechos. 

Por su parte, Iván Núñez del Prado (2016) refiriéndose al Ayni practicado en el trabajo explicó que la concepción de este se puede ver  desde dos puntos de vista: el occidental y el  andino. Para el mundo occidental hablar de trabajo es hablar de explotación, bajos salarios, obligación, castigo y un sinfín de términos que descalifican. En este mundo existe uno que manda, que ordena,  un superior que vigila. El trabajo es individual, “cada quien baila con su pañuelo”.  En cambio, para el mundo andino, explicó, el trabajo es fiesta, comida, alegría y satisfacción.  Es visto como un hecho recíproco, en el que todos trabajan para todos y para el bien de la sociedad. “Hoy por mí, mañana por ti”. Si uno se organiza para trabajar en su chacra, “todos como una sola persona están presentes”. Al día siguiente estarán en la chacra de otra persona y así, sucesivamente, hasta terminar toda la faena.

Todos  gozan de los logros de la cosecha, del mismo modo, lloran unidos ante los desastres naturales que ocurren y, por los cuales pierden muchos de sus productos. En la sociedad Inca, los trabajos eran de acuerdo a la edad y al género. Todos trabajaban: desde el niño(a) hasta el anciano(a); por eso nadie  reclamaba.

Iván Núñez del Prado (2016) indicó, también, que la reciprocidad va más allá de lo mencionado: ¨Debe existir en el entorno natural. Para los incas fue una pieza clave y una norma interiorizada. Por ejemplo, no solo se debe explotar a la Madre Tierra para aprovecharse de ella, hay que darle algo a cambio, cuidarla, no contaminarla”. En la línea del ponente  considero que no todo es explotar, no debemos contaminar el ambiente, puesto que al contaminarlo lo dañamos y nos hacemos daño. La Pachamama(*)  tiene vida, vive, siente, piensa, tiene necesidades al igual que un hombre. Por eso, en el mundo andino se realizan los pagos a la tierra para agradecer por todos los productos cosechados. En este ritual se mastica la coca y se  calma la sed con la chicha sagrada de maíz.

Para los andinos todo tiene vida; por tanto, se puede entablar conversaciones con los seres de la naturaleza. Un andino puede conversar con el mar, con el árbol, con las plantas, con los cerros, lo que para el pensamiento occidental es cosa de locos y se necesitaría de un psiquiatra.

Finalmente, puedo decir que para mí la palabra Ayni resume la calidad humana de hombres y mujeres que a la fecha, lamentablemente, se está perdiendo. Vivir a diario con esta práctica ancestral nos hermana no solo con la familia; sino, también, con los amigos, compañeros de trabajo y el mundo en general con el único fin de buscar un bien común: la felicidad de todos. Si practicáramos el Ayni no habría hambre, desigualdad ni pobreza. Tenemos que rescatar y volver a realizar esta sabia práctica Inka; así nos sentiremos realmente humanos. El cambio inicia en cada uno de nosotros, el cambio está en mí, también lo está en ti. Juntos “humanicemos al hombre”.

(*) Del quechua traducida al castellano quiere decir Madre tierra.

Referencias:

Núñez & Núñez (Octubre de 2016). Conferencia Magistral “El Ayni”, llevada a cabo en el Centro de Convenciones Hotel María Angola, Miraflores.  

 

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